Es la hora despierta que amenaza
la paz del todo: cierto mar de alas
de guadaña, de sol de oscuros trazos,
de viento en vela en vilo entre las manos.
Es el roto de surcos, de los lobos
en siega refrendada; el aire todo
como desierto, brisa en calma; grieta
de voces en silencio y a la espera.
Es el espeso fruto de infinito
margen: un odre viejo, adormecido
y agrio de cruz y media luna. Reos
que viven con los ojos turbios; quedos
hijos del barro con sus moldes; suma
siembra de la ceniza de la duda.
Entre líneas
Descatalogado